Comunitat Budista Nyingma Tersar

La pràctica del Ioga del Guru

 

     LA PRACTICA DEL YOGA DEL GURU
     Una enseñanza de S. S. Shenphen Dawa Rimpoché impartida en Tersar Ling, Tarragona 1994.

    

     La práctica del Yoga del Gurú significa, en el nivel absoluto, la realización de la verdadera naturaleza de la mente que permanece continuamente en el estado de sabiduría. El Yoga del Gurú es sumamente importante para el mantrayana porque, en este camino, todas las realizaciones dependen de la pureza del compromiso (samaya) y de la manera en que percibimos al maestro.

     Por esta razón, la práctica del Yoga del Gurú permite ir purificando gradualmente las percepciones, y el modo en que tiene lugar esta purificación es a través de la devoción. Es absolutamente indispensable poseer una percepción pura del maestro ya que, como acabamos de decir, todas las realizaciones ordinarias y extraordinarias dependen del desarrollo de ese tipo de percepción.

     Para ello, en primer lugar, tenemos que reconocer cualquier negatividad que hayamos generado a través de las tres puertas de cuerpo, palabra y mente. Seguidamente, gracias a la meditación correcta en la Fase de Creación (kyerim) y en la Fase de Perfección (dzogrim), a las iniciaciones de cuerpo, palabra y mente, a la introducción a la verdadera naturaleza de la mente y a la práctica del Yoga del Gurú, llegamos a la purificación completa de nuestro ser. La práctica del Yoga del Gurú nos permite, en suma, purificar todas nuestras dudas y transformarlas en sabiduría.

     En otro orden de cosas, cuando se afirma que el Yoga del Gurú permite unir el propio cuerpo, palabra y mente con los del maestro, se está hablando desde una perspectiva gradual. Así, en primer lugar, se produce un tipo de relación como el que se da entre el amo y el sirviente. Después se pasa a una relación como la que ocurre entre dos amigos; y por último, se trasciende incluso la relación de amistad. Porque, si bien externamente el maestro parece ser alguien superior y uno mismo alguien inferior, poco a poco vamos comprendiendo que no existe una separación absoluta entre nosotros, que en realidad no hay nadie superior ni inferior y que todos –maestro y discípulos- poseemos la misma esencia de la realización, la semilla del despertar (tatagatagarba). Pero es necesario atravesar cada una de las fases del proceso de devoción.

     En Oriente, antes de recibir las enseñanzas tántricas del vajrayana, uno debe examinar cuidadosamente al Gurú y cerciorarse de si éste posee el linaje adecuado y ha mantenido puro su samaya con sus propios maestros, determinando, en suma, si se trata de un impostor o si cuenta, por el contrario, con las cualidades propias de un auténtico maestro. Debemos poner sumo cuidado en no aceptar a cualquiera como nuestro maestro porque, antes de llegar a ese punto, tenemos que estar absolutamente seguros, y para ello debemos determinar previamente tanto la capacidad del maestro como la nuestra propia.

     Hasta el momento no hemos confiado en el maestro –que es la personificación de la Iluminación– y esto significa que tampoco hemos confiado en nosotros mismos; o mejor dicho, nos hemos estado engañando a nosotros mismos. En este sentido la práctica del Yoga del Guru permite subyugar el sufrimiento causado por el ego ya que nos ayuda a ir más allá de él, aceptándolo como una bendición del maestro y transformándolo en una ayuda para la realización.

     Cuando disfrutamos de experiencias positivas, solemos sentirnos contentos, y por el contrario, cuando padecemos experiencias negativas, nos sentimos apenados. Sin embargo, las experiencias positivas no deben hacernos sentir felices y las dificultades tampoco tienen por qué sumirnos en la tristeza. Tenemos que considerar que todas las experiencias –ya sean de felicidad o de sufrimiento– no son sino una manifestación del maestro, y albergar la confianza de que incluso las proyecciones negativas pueden conducirnos a la realización. De este modo, gracias al Yoga del Guru, las dudas se transforman en la visión pura y todos los pensamientos son percibidos como la mente de sabiduría del maestro. Entonces, resulta posible llegar a experimentar vastas y profundas bendiciones.

     Desde nuestro estado actual de comprensión, cultivar la devoción hacia el maestro también significa comprender que la devoción está completamente ligada a la compasión. Nuestra entrega debe ser absoluta y, en este sentido, es imposible entregarse a una persona que carezca de plena sabiduría y de la compasión que fluye ininterrumpidamente. Sin embargo, nuestras percepciones ordinarias pueden engañarnos a este respecto. Así que es mejor no juzgar según esas percepciones sino confiar únicamente en la práctica del Yoga del Guru y, cuando tengamos alguna duda, rogar al maestro, albergando una confianza absoluta hacia él.

     Como ya hemos dicho, confiar en el maestro significa, en definitiva, confiar en nosotros mismos y esto también significa que debemos permitir que surjan todos nuestros sentimientos de culpabilidad de modo que, a través de la devoción, esos sentimientos sean transformados, a la postre, en la auténtica beatitud. El Yoga del Guru posee un potencial de bendición que nuestro intelecto ordinario no alcanza a comprender.

     Así pues, independientemente de lo que experimentemos, ya sea felicidad o sufrimiento, no debemos apegarnos ni tampoco generar ningún rechazo hacia ello, sino pensar, por el contrario: "Que pueda permanecer unido a la mente del maestro y considerar todo lo que me sucede como una ayuda para comprender la verdadera naturaleza del sufrimiento y ser capaz de percibirlo como una bendición de su sabiduría".

     La finalidad última de la práctica del Guru Yoga es llegar a ser naldjorpas, es decir, yoguis practicantes. Así que debemos preguntarnos: "Qué tipo de practicantes somos en realidad?" La palabra tibetana naldjorpa se refiere a alguien que es capaz de soportar cualquier circunstancia con ecuanimidad. Porque, si podemos afrontar únicamente las buenas circunstancias y somos incapaces de hacer lo mismo con las circunstancias negativas, entonces estamos muy lejos de poder ser llamados yoguis. Naldjorpa se refiere a la persona que es capaz de practicar cada día, en todas las circunstancias, y de convertir todas las situaciones de la vida cotidiana en un campo propicio para el desarrollo de la devoción y la compasión, sin reparar en lo que pueda sucederle. Ser un naldjorpa significa, en suma, no estar ahora triste y al momento siguiente contento, sino ir más allá de ese tipo de emociones fluctuantes.

     Un corazón orientado hacia el Dharma es un corazón que alberga una visión positiva de la vida y que se halla casi todo el tiempo en un estado mental positivo. Su Santidad Dudjom Rinpoche solía decir en este sentido. "Aprended a comportaros con un corazón bondadoso". Por eso siempre repetía a sus discípulos que debían desarrollar un buen corazón. Esta es la clave esencial del Dharma de Su Santidad. La esencia del camino del bodhisattva es el cultivo de la bondad del corazón.

     Cuando una persona es bondadosa, ello significa que sus canales energéticos se hallan en buen estado. Cuando se dispone de una mente y de un corazón bondadosos, es posible utilizar todas las circunstancias del modo más adecuado y avanzar rápidamente en el camino de la realización, porque uno ya ha desarrollado cierta sensibilidad. Cuando recibía enseñanzas de Su Santidad Dudjom Rinpoche éste insistía siempre en que hay que olvidarse de las enseñanzas demasiado complicadas y desarrollar un buen corazón. El maestro de Su Santidad afirmaba lo mismo, y el maestro de éste, Dudjom Lingpa, también enseñaba lo mismo.