Comunidad Budista Nyingma Tersar

EL JUEGO DE LOS PENSAMIENTOS

 

EL JUEGO DE LOS PENSAMIENTOS
Kyabjé Dudjom Rinpoche

 

Puesto que toda experiencia de felicidad o sufrimiento es consecuencia de nuestras acciones, y la naturaleza positiva o negativa de esas acciones depende de nuestra intención, es esencial que controlemos nuestra mente. Pero como la mente no se puede controlar por la fuerza, debemos ser capaces de adiestrarla para dejar de hacer algo tan pronto como reconozcamos que es perjudicial. Tenemos que comprender que el daño que hacemos a los demás es en realidad un daño que nos hacemos a nosotros mismos, aunque a corto plazo pueda parecer que no es así.

Cuando un pensamiento surge, trae otro consigo, y después otro, en una sucesión interminable. Debemos romper la cadena de pensamientos dejando que se disuelvan por sí mismos. Esta cadena es lo que nos ha estado engañando desde tiempo sin principio. Si ahora no la rompemos, continuará engañándonos para siempre. Los pensamientos surgen de la mente y es casi imposible pararlos. Debemos permanecer relajados y en silencio, con el cuerpo distendido y teniendo mucho cuidado de no seguir los pensamientos cuando surgen, sean buenos o malos.

En este estado relajado la mente vigila a la mente. Si permanecemos así, sin hacer ni el más mínimo esfuerzo por controlar nuestros pensamientos sobre el pasado o el futuro, experimentaremos una claridad serena, como un océano sin olas. La mente descansando en la mente es lo que se llama morar. Deja la mente así, como un lago cristalino. Luego, en esa superficie inmóvil, se produce un cambio. Una brisa riza el agua. Eso se llama movimiento. Si nos dejamos llevar por ese movimiento, nos perderemos de nuevo. Si no reconocemos la claridad serena (la quietud), no podremos reconocer el movimiento. En la profundidad de la mente hay algo que percibe a la vez tanto la quietud como el movimiento. Es la conciencia: rigpa.

Durante la meditación no debemos rechazar ni seguir el movimiento. En lugar de eso, si hemos reconocido la quietud, podemos dejar que la mente regrese a la quietud. Si estamos relajados, cualquier movimiento que surge se disuelve por sí mismo; una ola que se forma sobre la superficie del océano siempre retorna al océano. Si se intenta detener el movimiento cuando aparece, lo único que se consigue es que los pensamientos se hagan más fuertes. En lugar de resistirte al movimiento, vuelve a la experiencia de la claridad serena mediante la conciencia (rigpa). Remover la superficie de un lago en calma sólo sirve para enturbiar el agua.

Ahora bien, los pensamientos son tan persistentes, tan presentes, que no podemos evitar seguirlos; cuando los pensamientos están constantemente agitados no hay espacio para la claridad serena. La meditación shiné, calma mental, claridad serena, es la base de toda meditación. Con esta práctica se calma la avalancha de pensamientos. Eso no quiere decir que los pensamientos dejarán de surgir. Significa que ya no nos afectarán del mismo modo, que no destruirán nuestra tranquilidad o nuestra calma. La práctica de la calma mental, de la quietud, conlleva la disminución de la energía agresiva de los pensamientos, de tal manera que permanecer en calma resulta cada vez más fácil.

A medida que nos acostumbramos a la quietud nos sentimos tan cómodos en la meditación que el impulso de abandonarla desaparece. Nos invade una sensación de gran bienestar que no querríamos perder nunca. Incluso, aunque la hagamos en la oscuridad, esta práctica trae consigo una experiencia de total claridad, como un amanecer. Si continuamos practicando meditación, en algún momento surgirán con toda seguridad las tres experiencias: el gozo, la claridad y el estado mental libre de pensamientos. Si eso no ocurre, es porque no estamos practicando correctamente o no nos hemos entrenado lo suficiente. Puede suceder que experimentemos una sensación de pesadez o somnolencia, como si tuviéramos la cabeza tapada por una capucha, algo parecido a un estado de aburrimiento en el que no hay pensamientos. Si eso se produce, debemos hacer algunos estiramientos, enderezarnos, fortalecer nuestro corazón con una actitud más alerta y mirar hacia arriba en lugar de hacia abajo.

La mejor manera de eliminar obstáculos en nuestra meditación es mediante la devoción a nuestro maestro realizado. Gracias a la devoción nuestra mente se hace “una” con la mente de nuestro maestro. No se trata de mezclar una cosa con otra, sino más bien de verter agua en el agua. Igual que el espacio encerrado entre las manos se vuelve idéntico al espacio que está fuera cuando las manos se separan, no hay diferencia entre nuestra mente y la del maestro. La mente del Lama no es mejor ni la nuestra es impura. Tales diferencias simplemente no existen. Este es el secreto para la meditación.